Vi surgir la luz del sol En tus pupilas color café Me precipité al sorbo de tus labios, Y me inyecté una dosis de tu cariño. Coloreé siluetas parecidas a tu cuerpo, Mundanas piernas que te decoran, Que me hacen perder concentración. Esculpí tu sonrisa en mármol blanco, Y quedó grabada en la historia como Zeus el Olímpico. Sentí el clima teñir su frío invierno, Con el dolor de tu corazón, y la desesperación del mío; Y el cálido verano, abrazándome bajo tus parpados húmedos, que me recompensan, con tus pechos caídos como hojas de otoño Re-descubrí lenguas muertas con el tiempo, Y cree un nuevo idioma a partir de tu nombre.
Que me ames y te ame y exista esta frontera de tu piel a mi piel Que esta soledad sea taciturna porque si estás tú ¿para qué llorar? Que si te escucho reír quiera vivir y vivir y vivir que si te escucho llorar sepa cómo actuar Que me ames y te ame y pierdas y te pierda porque así son los cataclismos en el Club de los Amores muertos.
Conduje a través de tus ojos, caricias proclames de amor miré en ellos, mar azul, promesas incalculables y deduje, con poca certeza, que algún día dejaría de mirarlos, y me perdería. He recorrido caminos sinuosos, llenos de tierra, buscando algo semejante, y sin éxito alguno, me he labrado una máscara, que remplaza mi tristeza. Busqué entre labios parecidos, tu sabor efímero, escudriñé bajo el torrente de sudor que emerge de distintas pieles, tu olor a humedad cotidiana; dejándome en total decepción al no encontrarte, me he perdido, tal y como predije, aquí, sin el roce de tu boca. Acribillé el polvo que persigue mi rastro, aunque ...
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